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El Aspecto Científico del Juramento de Compañero

  • logiagiordanobruno
  • 14 ene
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 14 ene




Las ciencias a las que se refiere este juramento, según la literatura masónica, son las Siete Artes Liberales: el Trivium (gramática, retórica y lógica) y el Quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía). Este énfasis en el estudio de las ciencias para el Masón en grado de Compañero se explica por el contexto histórico de los orígenes de la Orden. Durante la Edad Media, el conocimiento estaba monopolizado. Cualquier saber que contradijera las enseñanzas religiosas era tachado de herético, y el acceso al conocimiento estaba severamente restringido. El analfabetismo generalizado, el uso del latín como lengua predominante en los textos académicos, la ausencia de la imprenta —lo que hacía que la reproducción de libros fuera manual y extremadamente limitada— y el acceso restringido a instituciones educativas —ubicadas junto a las catedrales y reservadas para la élite— eran barreras infranqueables para la mayoría. De ahí que términos como “cátedra” y “catedrático” persistan hoy, reflejando la estrecha relación entre la educación y las instituciones religiosas. A esto se sumaba la censura ejercida tanto por el gobierno como por la Iglesia. 

 

La combinación de estos factores impedía que la población cuestionara el papel de las instituciones que mantenían un control totalitario. Sin embargo, el surgimiento de las logias masónicas especulativas comenzó a revertir esta situación. Estas logias se convirtieron en uno de los pocos espacios intelectuales donde se podía acceder a textos censurados, discutirlos con Hermanos que enriquecían el estudio y, en caso de persecución, recibir apoyo mutuo para proteger a sus miembros. 

 

El peligro de una población educada en ciencias radica en que fomenta el pensamiento crítico, en contraste con el pensamiento mágico, base de la superstición. A lo largo de la historia, hemos visto cómo ministros religiosos sin vocación genuina, movidos por la ambición, han abusado de la fe de sus seguidores, aliándose con regímenes autoritarios que agravan el sufrimiento de sus ciudadanos. Por ello, la Masonería fue frecuentemente percibida como una amenaza al statu quo y perseguida. 

 

En un trazado anterior, mencioné cómo ciertos derechos fundamentales parecían conquistas consolidadas, pero hoy vemos cómo están nuevamente bajo ataque. El discurso que predomina en los medios de comunicación masiva está plagado de relativismo, teorías de conspiración, superstición, charlatanería y negacionismo. Incluso en algunas logias masónicas, se observa un desdén por el conocimiento científico, prefiriendo enfoques cercanos a lo supersticioso, quizás olvidando la importancia del juramento del Compañero. Si bien el ocultismo y el esoterismo mágico formaron parte de la instrucción masónica en sus inicios, estos elementos han sido superados. Fue el alejamiento de la Masonería del pensamiento mágico y su acercamiento a la ciencia lo que permitió contribuir a la caída de la superstición, el fanatismo y la ignorancia, impulsando una era de progreso, democratización de la educación y reducción de las desigualdades. 

 

Sin embargo, es importante reconocer que en el ámbito científico también existe soberbia. Yo mismo he caído en ella. Este distanciamiento entre la comunidad científica y la población general ha creado un vacío que ha sido aprovechado por charlatanes esotéricos y divulgadores de teorías conspirativas, quienes ofrecen respuestas simples a una realidad compleja, explotando la necesidad humana de orientación y consuelo. 

 

El libro “Nexus” de Yuval Noah Harari me ayudó a reconocer estos sesgos. Harari argumenta que, aunque creencias como la astrología o los mitos religiosos no se basan en hechos verificables, han jugado un papel crucial en la formación de culturas y sociedades al proporcionar un marco de referencia para entender el mundo. Estas creencias, aunque no explican la realidad objetiva, han sido eficaces para crear nexos sociales perdurables. No obstante, cuando se trata de abordar problemas concretos, el enfoque científico es insustituible. Harari también advierte sobre la “teoría ingenua de la información”, una visión simplista que asume que más información siempre conduce a más conocimiento y, por ende, a un beneficio para la humanidad. Sin embargo, en un mundo donde no toda la información es veraz y donde tecnologías como la inteligencia artificial y las redes sociales pueden distorsionar la realidad, promover abusos de poder y fomentar teorías conspirativas, es crucial adoptar un enfoque crítico. Este enfoque implica discernir entre información verdadera y falsa, comprender el contexto y las motivaciones detrás de los datos, y utilizar mecanismos de autocorrección, como el pensamiento crítico y el debate abierto, para asegurar un uso ético y constructivo de la información. 

 

El análisis de Harari define, a mi juicio, la postura que la Masonería moderna debe adoptar. Para combatir el resurgimiento del oscurantismo, la ignorancia y la superstición, es imperativo que retomemos el valor del juramento del Grado de Compañero. El humanismo, la ciencia, la razón y el pensamiento crítico, pilares que parecían consolidados, están nuevamente bajo amenaza. La Masonería tiene la responsabilidad de defender estos valores frente al avance del relativismo, el individualismo y los discursos manipuladores que caracterizan nuestra era. 

 

 

 

Bibliografía: 

Harari, Y. N. (2024). Nexus. Editorial Planeta. 

Liturgia del Compañero Masón 

 

 

Fraternamente  

IYG M.·. M.·. 

 
 
 

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